domingo, 8 de mayo de 2011

Encuentrame en Paris/ Capitulo 1: Zero

Hace mucho me planteé esta novela. Hoy la he retomado con la esperanza de que, alguna vez, todo vuelva a ser como antes. Era solo un juego. Ella solía esconderse y yo fingía buscarla. Incluso cuando crecimos, seguía gustándole huir de mí. Nunca pensé que aquel juego pudiera convertirse en realidad ni que yo terminaría en esta situación: dentro de un avión, rumbo a un país que no conozco, lejos de todo, solo porque ella cree que no es la persona más importante de mi vida. Voy a decírselo personalmente. La mañana anterior yo dormía. Hacía mucho que no recibía ningún mensaje nuevo de ella y simplemente pensé que estaría ocupada. No es que sea insensible. Soy práctico. A veces, cuando hablas con alguien a través de una computadora, el cristal no te deja ver cómo se encuentra realmente la otra persona. Un «hola» siempre parece solamente eso: un hola. No podía adivinar cómo se sentía. Apenas entendía lo que me contaba. «Ella es tan complicada», pensaba. La dejaba escribir mientras yo respondía cosas como «entiendo», «sí», «todo estará bien». Nunca leía nada completo. Nunca intentaba ponerme en su lugar. Fui egoísta, esa es la verdad. Fui cruel. Ella exponía sus sentimientos porque necesitaba que alguien la escuchara y yo me hacía el interesante. Ni siquiera cuando me dijo que se mataría le creí. Lo había dicho tantas veces que terminé preguntándome por qué debía tomarla en serio. Ella decía que no había mejor chico que yo. Eso me gustaba. Me gusta sentirme importante. Cuando me sentía acabado, abría mi bandeja de entrada y sus mensajes conseguían hacerme ver la vida de otra manera. No puedo creer que le haya roto el corazón así. Entiendo que yo era su mejor amigo, pero ¿de verdad no tenía a nadie más? No. No lo tenía. Yo era su lugar seguro, el sitio al que podía huir para dejar de sentirse extraña. Y miren lo que hice. No creo en Dios, pero, si existe algo parecido, si la esperanza es realmente algo universal, espero que estés bien. Decías que estabas sola. Tú no estabas sola. Yo siempre estaba contigo. Quizá nunca lo pareció, pero esa es la verdad más sincera que puedo darte. Yo era tu superhéroe. Ahora te has ido y pienso rescatarte. Aunque todo aquello fuera ficción, existe un vínculo entre nosotros. No me importa que hoy haga frío ni que haya preparado mal las maletas. He vuelto a ser Zero gracias a ti. Desempolvé mi traje gris y me lo puse. Quisiera que pudieras verme ahora, comprando el pasaje. Siente mi corazón. Estoy nervioso. Podría morir de taquicardia, pero entonces nadie podría rescatarte. ¿Te quedarías sola en el olvido? Pequeña, lo siento. Todo fue un maldito error. Ese instante en que te dije todas aquellas cosas... Ojalá pudiéramos borrarlo y cambiarlo por otro en el que... Bueno, ya no importa. Lo hicimos los dos. Todo se fue al diablo y ahora yo iré al infierno por ti. ¿Quieres que te compre algo bonito? Libros, muñecas, lo que prefieras. Si quieres, puedo tratarte como una adulta. Es solo que me gusta pensar que eres mi hermana menor y... Está bien. Lo acepto. Yo también estoy solo. Entonces hagámonos compañía y volvamos a jugar a que tú te escondes. Yo fingiré que no veo adónde vas y después saldré a buscarte con mi cara de preocupación. Tú aparecerás de repente y gritarás: —¡Buu! ¡Tonto! Y nos reiremos. No he hablado todavía de la ciudad en la que estás. París. La Ciudad de la Luz. Eso es bueno, ¿no? Al menos no estás en la oscuridad. Así podré encontrarte más rápido. Tomaré fotografías de la Torre Eiffel. Iremos al Louvre. Seguro que vives en Saint-Denis y, cuando ya no puedas más, te cargaré como a una princesa. Mientras duermas, velaré tu sueño. Yo soy el único que puede salvarte. Nadie más. Yo soy Zero, un superhéroe. Tu superhéroe. No tengo un caballo mágico, pero supongo que bastará con mi moto. A ti te gustan. Espérame un poco más. No volveré a defraudarte. Pequeña, espérame. Ya no tienes que gritar. He oído tus susurros. Estoy contigo ahora. Pequeñas letras negras vuelven a unirnos. Cierra los ojos si quieres. Cuando los abras, estaré ahí. Eso sí, probablemente con una barba inmensa. Je t’aime.
Un blog extraño sobre las ficciones reales de la vida cotidiana
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