jueves, 7 de octubre de 2010
Duermo de Dia
Ella tiene miedo y siente que el mundoselecaeencima. Corre tras él, pero no logra alcanzarlo. El vacío empieza a apoderarse de ella; cae, no literalmente. Cae y nadie parece sostenerla. Llora porque fue tan tonta.
Él se ha ido y lo confirma el espacio sin materia frente a ella, el aire pegajoso de la tarde crepuscular-romántica-llenadeparejitas. Se han ido él y sus palabras tan bonitas, su cabello negro de ondas rebeldes, los recuerdos llenos de «¿me quieres?», «sí, te quiero» y aquella sensación de seguridad.
Ella está ahí, como una bolsa de basura en lunes.¹ Le gustaría gritar «vuelve», pero no tiene voz. Las calles se abren y se estrechan, como en esos sueños en los que corres y nunca consigues alcanzar a alguien. Maldición. El mundo entero parece confabular en su contra y ella solo quiere tocarlo una vez más.
Entonces respira y abre los ojos.
Cinco centímetros más allá, sobre la cama, él duerme. Ella todavía siente su olor. Sonríe y se acerca un poco más. Él la abraza y musita algo entre sueños.
Más allá, el sueño continúa, pero ahora ella lleva ventaja.
Algún día lo alcanzará.
¹ Las bolsas de basura se recogen los martes, jueves y sábados. Las bolsas del lunes se quedan expuestas, mosqueadas y a merced de los perros.
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Chismosos
Un blog extraño sobre las ficciones reales de la vida cotidiana
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